Pantallas, videojuegos y el cerebro infantil
Pantallas, videojuegos y el cerebro infantil: Guía para madres y padres
En los primeros años de vida, el cerebro atraviesa un periodo de alta neuroplasticidad en el que se establecen las bases del lenguaje, la atención y el control emocional. Durante la etapa preescolar (2 a 5 años), el aprendizaje se produce principalmente a través de la interacción directa con el entorno físico y social. Sin embargo, la exposición prolongada y no supervisada a pantallas digitales puede interferir con los hitos clave del neurodesarrollo.
¿Cómo reacciona el cerebro de un niño ante los estímulos digitales? Cuando un niño juega o interactúa con una pantalla, la inmediatez de los efectos visuales y auditivos genera una liberación de dopamina, el neurotransmisor ligado al placer y al aprendizaje. El problema surge cuando el cerebro se acostumbra a este nivel de sobreestimulación constante. Esto favorece el desarrollo de una atención reactiva (capacidad de reaccionar rápidamente a estímulos cambiantes), en detrimento de la atención sostenida, la cual se requiere para leer, estudiar o escuchar una explicación pausada en clase.
Estudios neuropsicológicos demuestran que el uso abusivo de dispositivos en la infancia temprana se asocia con retrasos en el desarrollo del lenguaje, la motricidad y el área socioemocional. Por otra parte, investigaciones internacionales han encontrado que no todos los medios digitales impactan de la misma forma:
Consumo pasivo (Televisión y redes sociales): No muestra beneficios cognitivos e incrementa el riesgo de problemas atencionales y sedentarismo.
Videojuegos creativos y estructurados: Títulos como Minecraft o juegos de construcción pueden estimular la memoria de trabajo, la flexibilidad cognitiva y la planificación. Sin embargo, juegos de acción rápida pueden causar sobrecitación e irritabilidad en niños pequeños.
Recomendaciones para el hogar: Los organismos de salud aconsejan evitar por completo las pantallas en menores de 2 años, restringir su uso a un máximo de 1 hora diaria entre los 2 y 5 años y no superar las 2 horas diarias en la etapa escolar. Fomentar el juego libre, la lectura y la actividad física es fundamental para garantizar un neurodesarrollo equilibrado.