El camino del buen trato
Presencia, límites y regulación emocional
Cuando un adolescente entra en lo que denominamos una "tormenta emocional" es sumamente común que los adultos nos sintamos vulnerables, cansados o incluso irritados, respondiendo desde la misma intensidad reactiva que ellos presentan. Para practicar una pedagogía y crianza basadas en los buenos tratos, la neurociencia y la terapia familiar sistémica nos brindan herramientas concretas para convertirnos en faros de calma y contención en lugar de alimentar la tormenta familiar.
Ser el "cuerpo calloso" de nuestros adolescentes
El cerebro humano está estructurado por dos hemisferios: el derecho, que procesa las sensaciones, emociones y vivencias de manera global, inmediata y cargada de intensidad afectiva; y el izquierdo, que pone lógica, palabras, estructura y orden racional a esas vivencias. En el cerebro del adolescente, la conexión entre ambos hemisferios está en plena fase de maduración e integración. En este sentido, Carmen Casas nos propone una función adulta verdaderamente inspiradora: los padres y docentes debemos actuar como el "cuerpo calloso" del adolescente. Frente a su desborde o bloqueo emocional, prestamos nuestra propia madurez para ayudarlos a conectar su sentir intenso (hemisferio derecho) con la capacidad de poner en palabras y reestructurar de manera lógica su experiencia (hemisferio izquierdo). Al hacerlo, les brindamos la oportunidad de resignificar su historia de una forma más amable y libre de culpas destructivas.
Los tres pilares del buen trato en el hogar y en la escuela
Retomando los planteamientos de autores de la literatura del buen trato y el apego como Gonzalo Marrodán, se proponen tres principios esenciales de actuación que combinan la calidez afectiva con la autoridad sana e indispensable:
1. Permanencia: Acompañar sin invadir. El adolescente requiere saber que estamos ahí de manera incondicional, estables en nuestro rol, aunque no nos exija de forma explícita que intervengamos en su espacio de privacidad o nos narre cada detalle de su día.
2. Heterorregulación para la autorregulación: Un cerebro adolescente que se desborda carece de los recursos neuronales necesarios para calmarse solo en momentos de alta activación afectiva. Necesita un regulador externo: un adulto calmado, asertivo y seguro que comparta su serenidad para desactivar el estrés antes de buscar una solución o un aprendizaje. Si respondemos con gritos o agresividad, el proceso de regulación se interrumpe dolorosamente.
3. Estructura, límites sanos y negociación: Poner límites claros es una de las mayores expresiones de cuidado, puesto que protegen al joven de riesgos que su cerebro en desarrollo aún no puede prever o ponderar con precisión. No obstante, Casas destaca que la adolescencia es, por excelencia, la etapa donde debe abrirse espacio para la negociación con el adulto. Enseñarles a dialogar y acordar pautas comunes fortalece su sentido de autoeficacia y les permite ser copartícipes activos de su propio cambio.
Valeria
Valeria, de 13 años, llegó del colegio, tiró su bolso al suelo y gritó furiosa: '¡Odio a mi profesora de matemáticas, es una injusta y no voy a volver a su clase!'. Carlos, su papá, sintió el impulso inmediato de enojarse por la rabieta y gritarle que recogiera el bolso. Sin embargo, respiró profundo, recordando que debía actuar como su regulador externo (heterorregulación).
Carlos se agachó, recogió el bolso con calma y le dijo con voz suave: 'Veo que vienes muy enojada y frustrada por algo que pasó en clase. Ven, sentémonos un momento'. Al no gritar, Carlos evitó que la tormenta los arrastrara a ambos. Una vez que Valeria se calmó gracias a la serenidad de su papá, Carlos la ayudó a estructurar su relato: 'Entonces te esforzaste mucho estudiando y sentiste que la nota no reflejó tu esfuerzo, ¿es por eso?'. Al ponerle palabras y lógica (hemisferio izquierdo) a su desborde emocional (hemisferio derecho), Carlos actuó como su 'cuerpo calloso'. Finalmente, negociaron juntos una solución: acordaron que Valeria hablaría con la profesora al día siguiente de manera respetuosa para revisar el examen, enseñándole así el valor de la negociación y los límites sanos.